martes, 5 de enero de 2016

Noche de Reyes ¡Bendita ilusión!

Hace años escribí un poema que comenzaba: “Noche de reyes… ¡bendita ilusión!” Poema que no viene al caso pero que habla de una maravillosa noche de reyes, como la de hoy…

Aquellos magos, más bien sabios, y de ninguna manera reyes, supieron, como buenos sabios, ver más allá. Sí, miraron y miraban más allá de sí mismos pero, quizá, desde sí mismos… Buscaban con denuedo, desde lo más profundo de su ser. Buscaban con sentido y desde el sentido más vital. Y así encontraron el rastro de una estrella, posiblemente no física, que encendió y conectó su anhelo. Que revitalizó sus esperanzas más hondas, generadoras de ilusión vital, hasta el punto de sacarles de su comodidad y ponerles en marcha hacia otro sitio, aún desconocido, fiados de esa luz tan solo visible para cada uno de ellos… Salir del propio lugar para ir a otro sitio, por otro camino distinto del habitual… Y llegar al sitio inesperado dentro de lo esperado: Encontrar al otro, al niño, al ser esencial, no del modo esperado, en otra tesitura sorprendente pero acogedora del misterio más profundo (desde el punto de vista Cristiano: El mismo Dios…)

No deja de sorprenderme esa capacidad de búsqueda de aquellos tres hombres, tan seres humanos como el resto, tan buscadores de sentido como cada uno de nosotros. Me pregunto, al encontrarme con su historia, cuál es o cuáles son las estrellas que se encienden en el firmamento de mi hondura y hacia dónde me llevan si es que me sacan de mi propio confort de seguridades. Tal vez nos vendría bien a todos concienciar esos firmamentos, esas estrellas y esos caminos trazados de esperanzas hondas e ilusiones verdaderas…

Cambiemos un poco de tercio, aunque no del todo... Nunca habrá oro suficiente para pagar esa mirada chispeante de los niños en una tarde-noche y mañana subsiguiente como ésta. Nada podrá pagar esos nervios benditamente desatados que incapacitan para dormir hasta topar con el puro agotamiento. Nada esa ilusión arrolladora que transforma en sueño ya vivenciado lo que todavía no es… Es curioso cómo es algo que los niños nos regalan porque sí, de modo tan gratuito, verdadero y esencial. Nos lo entregan para que nosotros lo sostengamos y regeneremos, tal vez, nuestras esencias guardadas que la adultez nos enseñó a disfrazar…

Aquellos sabios, magos, hicieron su viaje desde lo profundo y lo hicieron para dar, para regalar, para reconocer al otros en su esencia y entregarle lo mejor de ellos mismos, lo mejor que tenían… En estos días en que saturamos comercios, en que regalamos tantas veces sin más que por regalar, podemos mirarnos en su espejo: ¿Qué me regala la vida para regalar a los demás? ¿Qué recibo cada instante de modo gratuito? ¿Qué regalos diarios puedo hacer al otro, porque sí, sin más? ¿Por qué no los hago y los sustituyo por algo “mercado”? Verán, los ojos de mi sobrinilla de cuatro años, rebosantes de chispas en esta tarde, me dicen que me equivoco, que nos equivocamos. Me desafían a hacer de otro modo. Me empujan a recibir esa mirada como gran regalo y, saben, hace brotar una sonrisa en mi, que ella recibe como un regalo. Que ¿Cómo lo sé? Fácil. Se echa a reír y me abraza. Otro regalo. Ya ven: Noche de reyes… ¡Bendita ilusión! Ojalá lo sea cada día y cada noche del año… Les pido a los reyes magos que así sea, que así lo hagamos, mientras me siento a contemplar el firmamento invisible en el que sé brillan estrellas que me siento llamado a seguir. Junto a otros y seguramente para otros, con mil regalos sencillos y esenciales, pues de otro modo no sé si tendría sentido… ¿No creen?


¡Feliz noche y día de reyes!


viernes, 18 de septiembre de 2015

Cosas de Miguelón


Hace no mucho tiempo tuve la oportunidad de visitar, en la hermosa ciudad de Burgos, el interesantísimo Museo de la Evolución Humana. Allí me encontré con Miguelón cara a cara. Le miré lleno de asombro a los ojos, bueno, a esas cuencas inmensas vacías en su cráneo de Homo heidelbergensis (especie extinta del género Homo, que surgió hace más de 600 000 años y perduró al menos hasta hace 200 000 años). Primera especie humana en la que es posible detectar indicios de una mentalidad simbólica. Y Especie cuyo nombre científico deriva de la proximidad de la ciudad de Heidelberg (Alemania) al lugar donde fueron hallados los primeros fósiles, lo que subraya el hecho de que se trata de los primeros homo que alcanzaron las estepas del centro y norte de Eurasia). Digo –tras este inciso explicativo extraído de Wikipedia- que le miré a los ojos y vi sus ancestrales recuerdos de especie propia heredera de evoluciones anteriores. Leí su ser de migrante, de refuegiado desde aquella África originaria de la que salió por razones de necesidad. Bien es sabido que el hábitat que ofrece la suficiente seguridad y garantía de sustento convierte a sus moradores en población estable. Solo la ruptura de esa condición por algún motivo obliga al movimiento en busca de un lugar mejor. Y así el tatarabuelo de Miguelón y los suyos y sus descendientes, a lo largo de miles de años de especies de homínidos, llegó con los suyos hasta Atapuerca y mucho más allá –curiosamente la zona de Eurasia (destino Alemania -en un reduccionismo- que diríamos hoy. Curiosa coincidencia. ¿No creen?)… Y he aquí que Miguelón, sorpréndase ustedes, se puso triste. ¡Lo que oyen! Y en un susurro me dijo que no entendía cómo nosotros, sus tataranietos, con mucha más capacidad intelectual y evolutiva que ellos, como homo sapiens sapiens, hemos cambiado tan poco. "Seguís necesitando emigrar porque las condiciones de pronto cambian e impiden vivir allí donde estabais. Seguís buscando vida cuando lo habéis perdido todo y cuando ya no tenéis nada más que perder, teniendo tan solo posibilidad de mejora o en su caso de muerte, ya de por sí inevitable. Ante esta situación no hay miedo que pueda retener a nadie –afirmó con rotundidad- Seguís impidiendo que los que llegan a un territorio nuevo entren en él porque son otros, distintos, porque seguís teniendo un miedo infundado a que os quiten la caza, bueno, ahora otras cosas que no sé muy bien qué son… Seguís haciéndoos la guerra, peleando por no sé qué cosas. Y algunos, unos pocos, sí que ayudan a los que llegan y les cuidan y les dan alimento y vestido. Mientras los líderes del grupo se juntan a decidir qué hacer con los que llegan, muchos seres pequeños se adelantan y ayudan. Ya se sabe que cuando el mamut –creo que ahora son elefantes- comienza a moverse, las hormigas ya han llegado a su destino. ¡Qué gran verdad! Seguís… Decís que habéis evolucionado mucho pero no veo que sea tanto. Os parecéis mucho a nosotros aunque seáis más inteligentes y no viváis en cuevas ni cacéis… piénsalo bien, me dijo, si a nuestros ancestros no les hubiesen dejado emigrar tú no estarías aquí hablando conmigo, porque ni tú ni yo estaríamos en estas latitudes. Migrar es humano desde que empezamos a serlo y hasta que lo seamos Dios sabe de qué modo. La fuerza del buscar una vida mejor es irrefrenable. La esperanza no se puede detener ni con palos, hachas de sílex, porras, alambradas, o lo que sea… Son humanos. Somos humanos. Sois humanos. Aspirad a cambiar, a evolucionar a algo mejor"… Y entonces enarcó sus prominentes arcos superciliares y quedó en un inmóvil silencio. Hierático. Fosilizado. Por un momento pensé que me había vuelto loco, o había tenido un sueño extraño amparado en aquellas cuencas oculares vacías. Puede ser que así fuera pero un leve guiño de Miguelón me confirmó que este buen abuelo me había transmitido algo muy profundo desde su sabiduría infinita. Sonreí entonces y salí de la sala, mirándole de reojo, hacia la estepa de este mundo...

(Nota: Perdónenseme las posibles imprecisiones respecto a los aspectos evolutivos que haya podido cometer en esta ficcional reflexión).

Imagen tomada de www.rtve.es

viernes, 11 de septiembre de 2015

¿Por qué? Papá

Ante la crisis humanitaria de gran calibre que supone ese éxodo masivo de refugiados Sirios, les propongo hoy una sencilla ficción que bien podría reflejar la realidad que a diario nos parte el alma... Léanlo con el corazón...


Papá ¿Por qué nos están bombardeando? ¿Por qué se oyen disparos por todos los lados? ¿Por qué salimos de noche y dejamos nuestras cosas en casa? ¿Por qué no viene los abuelos? ¿Por qué no paramos de caminar? ¿Por qué nos juntamos tanta gente? ¿Dónde vamos todos juntos? ¡Tengo hambre, papá! ¡Estoy cansado! ¿Podemos parar un poco? Súbeme en brazos ¿Por qué mamá llora? ¿Puedo jugar con otros niños? Anda, porfa, solo un ratito… ¿Por qué paramos ahora? ¿Tenemos que pasar por esa barrera? ¿Por qué no dejan pasar a los que van delante? ¿A nosotros tampoco? Dame un poco de agua. ¿Por qué han puesto esa valla llena de pinchos? ¿No quieren que pasemos? ¿Qué pasa papá? ¿Te has enfadado? No llores que me pongo triste. ¿Puede dormir un poco? Mamá, abrázame. Tengo un poco de miedo y de frío, pero solo un poco que yo soy muy fuerte. ¿Ya nos vamos? Jo. He dormido muy poco. No quiero. Quiero quedarme aquí. ¿Solo desayunamos ese pan duro? ¿Cuándo se acaba esa valla? Papá, no la sujetes con las manos, te vas a hacer una herida. ¿Quieres que pase por ahí abajo? ¿Y mi hermanito también? ¿Y mamá? ¿Y tú vas a pasar? Papá, date prisa, vienen unos policías corriendo. Gritan pero no sé lo que dicen, no les entiendo. Corre, papá, ¡Corre! ¡Más deprisa! Ya. Ya dejo de llorar. Es que me he asustado mucho. Querían pegarnos ¿Por qué, papá? ¿Somos malos? ¿Hemos hecho algo malo? No me gusta esto. Quiero volver a casa ¿Por qué nos hemos ido? ¿Por qué no han venido los abuelos? ¿Dónde vamos? Esto no es una excursión ¿Por qué no hemos traído el coche? ¿Por qué nos hacen los policías sentar a todos juntos? ¿No nos quieren? ¿Nos van a llevar a la cárcel? No, papá. No quiero correr otra vez. Los policías me dan miedo. No quiero que me peguen. Por ahí, papá, les han empujado y están pasando mucho. Vamos, corred. Vamos. ¡Bieeeeeen! ¡Hemos pasado! ¡jajajajaja! ¡Hemos pasado! ¡Lo hemos conseguido, papá! Y ahora ¿Qué hacemos? Seguimos caminando. Estoy un poco cansado pero puedo aguantar. Dame la mano. Mira, mi hermanito se ríe y mamá está contenta. ¿Vamos hacia allí? Parece que hay unas tiendas de campaña. Allí podemos pasar la noche. Habrá que llegar pronto. Somos muchos e igual no hay sitio para todos. ¡Mira! Hay comida. Esos hombres y mujeres están repartiendo. Tengo hambre. Vamos a por algo, venga. ¡Qué bien! ¡Este bocadillo está muy bueno! Y esta fruta. ¿Puedo repetir? Hacía días que no comíamos así. Mira, me han dado otro bocadillo y leche para mi hermanito. Me cae bien esa chica. Me ha dado cosas y ha estado jugando un rato conmigo. Se reía mucho. Y también nosotros. Es que estábamos muchos niños y hemos jugado un rato. Sí. Me gusta esa gente que nos está ayudando pero no los policías. ¿Por qué nos querían pegar, papá? ¡Uy! ¡Estoy muy cansado! Creo que me estoy empezando a dormir. ¡Qué bien poder dormir con un techo en esta tienda! ¡Hasta mañana, mamá! ¡Hasta mañana, papá! ¡Ya nos levantamos otra vez! Pero si todavía es de noche. Quiero quedarme un poco más. Aquí tenemos una tienda y comida, y nos han dado unas mantas y un abrigo. Yo no quiero irme. Esa gente nos ayuda. Estaremos bien aquí. No lo entiendo. ¿Por qué tenemos que seguir? ¿Otras vez todo el día caminando? ¡Ay! ¡No me empuje! Mira, hay autobuses y podemos subirnos. Por eso corren todos. Vamos, papá. Vamos mamá. Yo cojo al pequeñín. Empuja un poco. Mamá toma a mi hermano. Papá, cógeme que me aplastan. ¡Aaaaaah! ¡Me hacen daño! ¡Empuja, papá! ¡Mamá, dame la mano! ¡Casi estamos! ¡Bieeeeeeeeeeennnnn! ¡Lo hemos conseguido! ¡Hemos entrado! Papá, ¡Eres el mejor! ¡Te quiero mami! Mira, ¡Sami se ríe! ¡Qué hermanito más bonito que tengo! Ya arranca. Hoy no caminamos más. Pero ¿Ya se ha acabado el viaje? ¿Así de cortito? Jo, papá, no quiero andar otra vez. ¿Ahora hay que ir por esta carretera? ¿Y si nos pilla un coche? No quiero ir. Estoy cansado. Me duelen los pies. Vale ya. Quiero volver a casa. Mira papá, es una ciudad. Estamos llegando. ¿Nos podremos quedar en una casa o en un hotel? ¡No! ¿Por qué? ¿Cuándo llegamos? ¿Por qué hay tantos periodistas con cámaras? Nos están rodeando. ¿Puedo saludar? A lo mejor nos ven los abuelos en las noticias y vienen a buscarnos y nos llevan a casa. Es buena idea, ¿verdad? ¿Por qué no quieres que hable con ellos? Hala. Ahí hay otro campamento. Mira, dan comida y hay tiendas. Si son tan majos como los del otro sitio podríamos quedarnos algo más de tiempo. Necesitamos descansar. Es una estación de tren. A lo mejor, después de comer y dormir un poco podemos subir a un tren y que nos lleve. Iremos más cómodos. ¿Podemos hacerlo, papá? ¡Qué buena está la comida! La chica que nos lo ha dado era muy guapa. No sé en qué habla porque no la entiendo pero se porta bien con nosotros. ¿Por qué se mueven todos de repente? ¿Va a salir un tren? ¿No puedo acabar la comida? Vale. Ya lo sé. Hay que empujar como en el autobús ¿Por qué todo el mundo quiere subir a la vez? ¿No hay nadie que mire los billetes? ¡Oh, no! ¡Hay policías! Parece que estos no hacen nada. Bueno, podían poner orden. ¡Ah! ¡Que me aplastan! Mira papá. Esa ventanilla está abierta. Si nos subes Sami y yo nos podemos meter por ella y cogemos sitio para todos. Venga, ¡súbeme! Ya estoy dentro. ¡Ven Sami! Yo te cojo. No llores chiquitín. ¿Por qué sigue empujando la gente? ¡Mamá, no te separes de papá! ¡Vamos, casi estáis! ¡Empuja, papá! ¡Empuja! ¡Mamá! ¿Por qué cojeas? ¿Te han hecho daño? Yo te ayudo. Apóyate en mi. Es aquí. Papá ¿Dónde vamos en este tren? ¿Ya vamos a llegar al final del viaje? ¿Cuándo vamos a llegar? ¿A dónde vamos? ¿Tendremos que caminar mucho más? ¿Nos volverá a pegar la policía? ¿Habrá más vallas? ¿Tendremos que seguir empujando a todos para entrar en los trenes o en los autobuses? ¿Nos van a querer y a ayudar? ¿Vamos a poder entendernos? Papá, no te pongas tan serio, me pongo triste. Seguro que todo va a ir bien. Pronto estaremos en una casa y Sami y yo iremos al cole y mamá y tú podréis ir a trabajar. Y vendrán los abuelos a vernos. Y saldremos los domingos al campo. Y… Mira. Tengo una manzana que reservé de la comida. Podemos compartirla… Y ahora ¿Por qué se para el tren...? ¿Por qué…? ¿Por qué nos pasa todo esto, papá?...


viernes, 10 de julio de 2015

Oxigenar la tierra



Hace unos días escuché a alguien hablar desde la sabiduría del pueblo y del pueblo agrícola. La metáfora, bien traída al asunto que se presentaba, llamó profundamente mi atención de inculto urbanita hasta el punto de haberme hecho pensar desde entonces…  Todo agricultor sabe, argüía, que tras la cosecha debe remover toda la tierra y hacerlo de modo especial cada equis años. Perdóneseme si equivoco algún término o detalle. De ese hecho depende que la tierra se oxigene, cobre nueva vida, se mueva, se plenifique preparándose así para la siguiente y futura siembra Dios sabe de qué… Aparentemente la tierra pierde su uniformidad, su forma asentada y casi normalizada. Esa forma con la que nos habíamos acostumbrado a verla durante meses. No solo se mueve la superficie, sino que el arado saca la tierra que quedaba debajo a la superficie y, tal vez, viceversa… Todo se descoloca. Todo cambia. Todo, en unas horas, deja de ser como era, aparentemente… Es así pero la tierra sigue siendo la misma aunque de otro modo… luego el tiempo. La oxigenación. El remover necesario asentado en nuevo momento de la tierra, más productivo y eficaz –al menos aparentemente- siempre que se den las necesarias condiciones externas. En cualquier caso la tierra está descolocadamente lista en su nueva y necesaria colocación…


Ese sabio popular se refería metafóricamente a una organización que también remueve su tierra para oxigenarla hacia algo nuevo sin ser aún más que esperanza de cosecha. Paso previo necesario y revivificador. Luego será la siembra. Las condiciones externas e internas. Tantas cosas… Pero la tierra se ha removido y oxigenado… Está lista y en proceso nuevo.


Si la metáfora vale para toda una organización, cuánto no lo hará para cada uno de los mortales. ¡Cuánto miedo nos da remover la tierra, la propia! ¡Cómo nos descoloca que se nos remueva de tantos modos! ¡Cómo nos duele incluso! Perdemos las referencias, las seguridades, las comodidades. Surgen los miedos. La inseguridad… Pero después de una tiempo, más a menos largo, ¿Acaso no nos damos cuenta de la oxigenación que supuso? ¿Acaso no nos hizo crecer, avanzar, lograr? ¿Acaso no…?


¡Qué sabiduría la de la tierra, la del pueblo, la de la agricultura! La vida misma ¿No creen? Ojalá dejemos que la tierra personal –al menos- se remueva. Luego esperemos activamente desde el calor interior que impulsa y activa (y que todos tenemos dentro). Y no estaría de más que tantas organizaciones, la misma sociedad, también se removiera un poco o un mucho...


Necesitamos removernos y oxigenar. Lo necesitamos para vivir. Cojamos el arado y manos a la obra…

sábado, 6 de junio de 2015

De lo efímero y lo transitorio...



Cada vez me pregunto más si no estamos haciendo de la vida colectiva y personal una suerte de time line, al modo de las redes sociales. Un tablero donde todo es fugaz, etéreo, repentino, consumible al instante y olvidable a los pocos momentos. Todo se ve (-que no se observa-), Todo pasa, pero no es más que algo instantáneo. En definitiva, algo meramente superficial y transitorio…


Me dirán ustedes, con toda la razón del mundo, que todo, en sí mismo es fugaz, efímero: El tiempo, la vida, las estaciones, las etapas de la vida, las flores, los… Efímero, sí…


“¿Y qué significa efímero? Preguntó el principito.

Efímero significa: Que está amenazado por una próxima desaparición. Contestó el geógrafo.

Mi flor es efímera y la he dejado sola y solo tiene cuatro espinas insignificantes para defenderse del mundo, pensó en alta voz el principito.”


Efímero, que no volátil. Todo tiene, en su intrínseco ser efímero, su tempo, su propia cadencia necesaria. Por eso mismo podemos preguntarnos, como hace el principito, desde la profundidad y conciencia de esta realidad. Y podemos tomar partido, desde el afecto y la reflexión profunda. Y tal vez, entonces, actuar en un sentido u otro, pero un actuar que nace de lo hondo de uno mismo…


Este gran time line en el que convertimos la vida, virtualiza su misma esencia, imposibilitando que la cadencia necesaria de cada cosa, hecho y circunstancia se produzca. Existe, es claro, por mera realidad. Pero lo obviamos acelerando los procesos artificialmente. Anestesiando la percepción de la realidad que tiene su ritmo propio. Es entonces cuando imposibilitamos las preguntas. Cuando bloqueamos raciocinio y afectos más allá de la emotividad inmediata y fugaz. Cuando impedimos, en definitiva, tomar partido desde el sentido profundo en la propia vida personal como en la colectiva. 


Creo que necesitamos ralentizar el tempo, que no el tiempo que físicamente sigue su fluir efímero. Debemos concienciar la cadencia necesaria que nos permita ser, profundizar, vivir… Recuperar el ritmo real de las cosas. Salir de la anestesia colectiva en la que entramos o en la que nos meten porque tal vez así seamos menos personas y más masa, fácilmente manipulable y consumidora…


Nada tengo contra las redes sociales. Las utilizo y disfruto de ellas de cuando en cuando. Pero no son la vida, aunque reflejen una parte. La vida es otra cosa en su mismo ser efímero. Y en esa transitoriedad pautada todo tiene su tiempo, su tempo, su ritmo y cadencia. Disfrutemos de ese metrónomo natural que nos permite ser nosotros, seres humanos en profundidad y plenitud, capaces de juicio crítico y toma de postura…






El tiempo pasó en el vaivén de cotidianos pretéritos. Pasa en el devenir angosto del hoy fugaz. Pasará en el suspiro aún insospechado del mañana...